Emilio J. González, 27 de octubre de 2014 a las 11:25

Los mejores sistemas de pensiones se caracterizan por la multiplicidad de las fuentes de renta para los mayors

A estas alturas nadie duda de que el sistema público de pensiones español tiene un problema muy serio: cada vez hay más jubilados y viven mucho más tiempo. Esta evolución demográfica pone contra las cuerdas a la Seguridad Social porque se basa en el sistema de reparto, aquel en el que las cotizaciones actuales pagan las pensiones de hoy. Por ello, la Seguridad Social se ve abocada a un proceso constante de reforma.

Ante este panorama, si queremos poder contar con unos ingresos dignos para financiar el retiro, debemos plantearnos una estrategia adecuada que combine las rentas procedentes de la pensión pública con las originadas por el ahorro privado. De hecho, según indica el estudio ‘El reparto y la capitalización en las pensiones españolas’, elaborado por el IESE y la Fundación Edad&Vida:

Los mejores sistemas de pensiones se caracterizan por la multiplicidad de las fuentes de renta para los mayores. Esto quiere decir que combinan los sistemas de reparto con los sistemas capitalizados y los complementan con un sistema de pensiones mínimas enfocadas y reducidas que garantizan un nivel mínimo de renta para los mayores sin desincentivar el ahorro a largo plazo.

La responsabilidad de obtener otras fuentes de renta con las que complementar la pensión pública es exclusivamente individual, lo que nos lleva a la necesidad de realizar una planificación financiera de cara a la jubilación.

Esa estrategia debe tener en cuenta una serie de elementos importantes, como señala la guía Claves para una jubilación digna, elaborada por el Instituto BBVA de PENSIONES. El primer aspecto es la inflación, un elemento que suele pasarse por alto porque a la hora de hablar de rentabilidades de los distintos sistemas de ahorro se habla de rentabilidades brutas, es decir, que no tienen en cuenta la evolución de los precios de consumo. De esta forma, si la rentabilidad anual de un plan de pensiones es, por ejemplo, del 2% y la inflación es del 2,5%, la rentabilidad real, esto es, la que tiene en cuenta los precios, sería negativa, del -0,5%.

El segundo elemento es el horizonte temporal. Cuanto más tiempo haya por delante hasta el momento de la jubilación, menor será el esfuerzo que hay que realizar para alcanzar el objetivo de ahorro para financiar el retiro. Por ello, conviene empezar cuanto antes a realizar aportaciones al instrumento de ahorro elegido.

Después hay que tener en cuenta que no hay rentabilidad sin riesgo, y que la rentabilidad del ahorro es mayor cuanto más riesgo se asume. La tolerancia al riesgo suele ser más elevada cuanto mayor sea el horizonte temporal hasta el momento de la jubilación, cuanto mayor ahorro se tiene en el momento actual o más ingresos recurrentes genera (un colchón más grande para afrontar altibajos) o cuanta mayor experiencia financiera tiene el inversor. Ahora bien, estamos hablando de algo tan serio y tan importante como la pensión. Por ello, se suele recomendar que los riesgos que se asuman con el ahorro previsional sean limitados. Una regla práctica suele ser que el sistema de ahorro contenga un porcentaje de renta variable igual al número de años que faltan hasta el momento del retiro y que el resto esté invertido en instrumentos más seguros, como la renta fija o los activos del mercado monetario. De esta forma, a medida que se acerca el momento de la jubilación, se reduce el porcentaje de ahorro para financiarla sometido a un mayor riesgo y se incrementa el de las inversiones que conservan mejor el capital acumulado.

Asimismo, conviene tener presente la evolución de los ingresos y los gastos de la persona. Los ingresos suelen aumentar a lo largo de la vida laboral, por lo que suele ser aconsejable que se incrementen también las aportaciones a sistemas de ahorro previsional. En cuanto a los gastos en el momento de la jubilación, estos vendrán determinados por las fuentes de renta para financiarla y, en principio, serán más reducidos que durante la vida laboral de la persona porque la pensión es inferior al salario percibido durante los últimos años de actividad. Por ello, una de las claves de la jubilación es determinar el nivel de vida que se desea disfrutar entonces y poner en marcha una estrategia financiera que permita alcanzar ese objetivo.

En este punto hay que incluir el coste fiscal de cada estrategia de ahorro para la jubilación, porque el tratamiento fiscal de los distintos instrumentos que se pueden emplear es diferente, tanto en lo que se refiere a las aportaciones como a la forma de rescatar ese dinero en el momento del retiro.

Por último, es preciso tener en cuenta la esperanza de vida. Cuanto mayor sea está, mayor ahorro habrá que tener para poder financiar el nivel de vida deseado. En España, actualmente la esperanza de vida para una persona al cumplir los 60 años es de 25 años. Si a partir de 2020 la edad de jubilación va a ser de 67 años, habrá que financiar 18 años de retiro, en los cuales cabe prever que se incrementen los gastos relacionados con la salud y la atención a personas mayores a medida que vayamos envejeciendo.

 

Recuperado de:  http://www.periodistadigital.com/economia-de-la-vida/pensiones/2014/10/27/siete-consejos-planificar-jubilacion-ahorro-esperanza-vida-seguridad-social.shtml